BIENVENIDOS

La Hospedería acoge las VIII Jornadas «Cuando empezábamos a ser nosotr@s» dentro de -El Provencio Imperial-

Hay lugares cuya historia puede contemplarse a simple vista y otros que obligan a mirar mucho más profundamente para comprender todo lo que esconden. El Provencio, en la provincia de Cuenca, pertenece a ambos mundos. Su paisaje, su tradición agrícola, su cultura vitivinícola y sus edificios hablan de generaciones relativamente cercanas, pero bajo este mismo territorio existen evidencias capaces de trasladarnos cientos de miles de años atrás.

Los días 25, 26 y 27 de septiembre de 2026, esa extraordinaria relación entre pasado y presente adquirió un protagonismo especial con la celebración de El Provencio Imperial, una programación cultural que reunió arqueología, Prehistoria, recreación histórica y divulgación en diferentes espacios del municipio y, especialmente, alrededor de la ribera del Záncara.

Dentro de aquellas actividades se celebraron las VIII Jornadas Internacionales de Arqueología y Etnoarqueología «Cuando empezábamos a ser nosotros», una cita concebida para acercar al público las investigaciones que permiten reconstruir algunos de los capítulos más antiguos de la presencia humana en estas tierras.

La Hospedería Bodega Nuestra Señora del Rosario tuvo el privilegio de acoger las jornadas durante la mañana del sábado, convirtiendo nuevamente un edificio histórico de El Provencio en lugar de encuentro, esta vez alrededor de la ciencia, la investigación y la divulgación.

Para nuestro hotel de cuatro estrellas, hacerlo posee además una dimensión especial.

La Hospedería ocupa parte de la antigua Bodega de la Cooperativa Nuestra Señora del Rosario, un espacio vinculado durante décadas a agricultores, vendimias y vino que hoy recibe viajeros, comensales y encuentros culturales.

Dos historias separadas por una enorme distancia temporal se encontraron así bajo un mismo techo.

Y ambas nos recuerdan algo esencial: para descubrir de verdad un territorio no basta con visitarlo; también debemos comprender todo aquello que ocurrió antes de nuestra llegada.

Durante tres días, El Provencio convirtió parte de su patrimonio y sus espacios públicos en escenarios para aproximarse al pasado desde perspectivas muy diferentes.

La ribera del Záncara acogió un Mercado Medieval con puestos, ambientación, recreaciones y actividades, mientras las VIII Jornadas Internacionales de Arqueología y Etnoarqueología aportaron el componente científico de una programación capaz de conducir al visitante desde el Paleolítico hasta la Edad Media.

El programa abordó las investigaciones sobre los grupos de cazadores-recolectores, el trabajo de la arqueología y la etnoarqueología, el Complejo Paleolítico de El Provencio, la sociedad medieval, la historia de Cuenca y diferentes aspectos relacionados con el equipamiento y las técnicas de combate de los caballeros.

La recreación histórica y la investigación académica utilizan lenguajes distintos, pero pueden perseguir un mismo objetivo: conseguir que el público se interese por aquello que ocurrió antes de nuestro tiempo.

Ciencia, divulgación y recreación para acercar el patrimonio

Un hallazgo arqueológico puede poseer un enorme valor científico y, sin embargo, resultar difícil de interpretar para una persona no especializada.

Ahí aparece la importancia de la divulgación.

Cuando un investigador explica cómo una herramienta de piedra permite reconstruir determinados comportamientos o cómo puede establecerse la antigüedad de un nivel arqueológico, aquello que inicialmente parecía lejano comienza a adquirir significado.

La recreación histórica aporta otra herramienta. Permite visualizar objetos, indumentaria o determinadas prácticas y facilita que públicos muy diferentes encuentren su propia puerta de entrada hacia el patrimonio.

El Provencio Imperial consiguió reunir ambas maneras de comunicar la historia dentro de una misma experiencia.

Que La Hospedería acogiera las VIII Jornadas posee una especial coherencia con la propia filosofía del establecimiento.

Nuestro hotel no ocupa un edificio creado para simular tradición.

Forma parte de un lugar que tuvo una vida anterior.

En 1950, agricultores de El Provencio impulsaron la Cooperativa de Campo Local Nuestra Señora del Rosario. El crecimiento de la producción y la necesidad de disponer de mayor capacidad llevaron a construir una bodega propia en el solar donde hoy se encuentra La Hospedería.

Las obras comenzaron en 1955 y, en 1964, el incremento del número de socios hizo necesaria una ampliación con nuevas naves de depósitos.

Durante décadas, aquel espacio estuvo estrechamente relacionado con la vendimia y con generaciones de provencianos que acudían allí a entregar su cosecha.

Patrimonio vivo, no patrimonio detenido

El paso del tiempo cambió la función del edificio, pero no eliminó su capacidad para reunir personas.

Su recuperación permitió convertirlo en un establecimiento hotelero conectado con la antigua bodega, conservando parte de la memoria de uno de los espacios más significativos de la historia vitivinícola reciente de El Provencio.

Hoy recibe viajeros.

Alberga gastronomía.

Acoge celebraciones y encuentros.

Y durante estas jornadas también recibió investigadores y personas interesadas en conocer el pasado más remoto del territorio.

Existe una forma especialmente valiosa de conservar un edificio histórico: permitir que continúe teniendo utilidad.

Recuperar patrimonio no significa necesariamente inmovilizarlo. Puede significar adaptarlo, integrarlo en el presente, y conseguir que vuelva a generar experiencias.

Esta filosofía se encuentra precisamente en el origen de La Hospedería.

El edificio conserva la memoria de aquello que fue sin renunciar a aquello que puede seguir siendo.

«Cuando empezábamos a ser nosotros»: más de 800.000 años para comprender

El propio nombre de las jornadas contiene una pregunta extraordinariamente poderosa: ¿Cuándo empezábamos a ser nosotros?

Responder obliga a viajar mucho más allá de los documentos escritos y adentrarse en periodos de la historia humana que únicamente pueden reconstruirse mediante las evidencias materiales que han sobrevivido.

Herramientas.

Sedimentos.

Restos faunísticos.

Materias primas.

Contextos geológicos.

En El Provencio, esos indicios han permitido documentar una secuencia arqueológica de excepcional amplitud.

El primer estudio exhaustivo desarrollado sobre el Complejo Paleolítico de El Provencio, situado en la llanura manchega junto al río Záncara, obtuvo dataciones numéricas que alcanzan aproximadamente los 830.000 años en los niveles antiguos analizados y los 41.000 años en los más recientes.

Las investigaciones señalan así ocupaciones recurrentes de grupos humanos a lo largo de un periodo extraordinariamente extenso.

Esta precisión resulta fundamental.

Hablar de más de 800.000 años de registro no significa que una misma población permaneciese asentada de forma continuada durante todo ese tiempo.

Significa que diferentes grupos utilizaron este territorio en distintos momentos y dejaron tras de sí evidencias que permiten reconstruir parte de su actividad.

Una historia escrita en sílex y cuarcita

Entre los materiales estudiados aparecen herramientas elaboradas en sílex y cuarcita, clasificadas dentro de los denominados modos tecnológicos 1, 2 y 3 —Olduvayense, Achelense y Musteriense—.

Junto a ellas se han documentado restos faunísticos correspondientes a especies del Pleistoceno como caballos, bisontes y mamuts.

Para una mirada no especializada, algunas de estas piezas podrían parecer simples piedras.

Para la arqueología son documentos.

Su forma, las huellas generadas durante su fabricación, la materia prima utilizada, su ubicación y su relación con otros restos ofrecen información sobre actividades humanas desarrolladas cientos de miles de años atrás.

La enorme extensión temporal del registro obliga también a evitar simplificaciones.

Los niveles más recientes pueden relacionarse con momentos en los que existieron poblaciones neandertales, pero la secuencia de El Provencio comienza mucho antes.

Por tanto, no puede atribuirse todo el conjunto a un único grupo humano.

Precisamente esa diversidad cronológica convierte el enclave en un espacio de gran interés para estudiar la evolución tecnológica y las distintas ocupaciones del interior peninsular.

Investigadores que acercan la Prehistoria al presente

Las jornadas reunieron a diferentes especialistas relacionados con la arqueología, la Prehistoria, la historia y la divulgación.

Entre ellos se encontraba Ignacio Martín Lerma, doctor en Prehistoria y profesor de la Universidad de Murcia, cuya trayectoria combina investigación paleolítica y divulgación.

También participó Santiago David Domínguez-Solera, doctor en Historia y Arqueología y responsable de HEROICA Arqueología, cuyo trabajo ha estado estrechamente vinculado a las investigaciones realizadas en el patrimonio paleolítico de El Provencio.

A ellos se sumaron Darío Moreno Ortega, investigador y técnico de HEROICA Arqueología; el historiador Miguel Romero, Cronista Oficial de la Ciudad de Cuenca; Andrés Moreno y Javier Solé Calero, además de la Escuela de Esgrima «Pedro de Baeza» de Belmonte en el ámbito de la recreación medieval.

Cuando la arqueología cambia nuestra forma de mirar el paisaje

Uno de los mayores logros de la divulgación arqueológica ocurre cuando regresamos al paisaje cotidiano y comenzamos a observarlo de otra manera.

La ribera del Záncara ya no es únicamente un espacio natural.

Las terrazas fluviales adquieren otra dimensión.

Una herramienta lítica deja de parecer una piedra cualquiera.

El conocimiento modifica la mirada.

Y esa transformación tiene también un extraordinario potencial para el turismo cultural en El Provencio.

El municipio no necesita inventar un relato para diferenciarse.

Ya lo posee.

La oportunidad consiste en investigar, conservar y conseguir que visitantes y habitantes puedan comprenderlo.

Cuando la investigación se hace accesible al público, aparece otra posibilidad: convertir el patrimonio en una razón para viajar.

El arqueoturismo forma parte de una tendencia más amplia dentro del turismo cultural que invita a descubrir un destino a través de sus yacimientos, museos, centros de interpretación, actividades y relatos históricos.

Para los pequeños municipios de interior, esta conexión tiene especial importancia.

No se trata de convertir la arqueología en espectáculo, sino de transformar el conocimiento en una experiencia comprensible y rigurosa.

Los pequeños municipios no necesitan competir con grandes destinos por volumen. Su ventaja está precisamente en aquello que resulta imposible reproducir.

Una infraestructura puede construirse en diferentes lugares. La historia no.

El patrimonio paleolítico de El Provencio pertenece a El Provencio. También su relación con el Záncara, su pasado agrícola, su cultura del vino y la memoria de quienes construyeron el municipio actual.

Uno de los grandes desafíos del turismo rural es conseguir que el visitante tenga razones para detenerse.

Después, razones para quedarse. Y finalmente, razones para regresar o recomendar el destino.

El Provencio Imperial contribuye a generar esa primera motivación.

La arqueología aporta singularidad.

Las recreaciones hacen la historia más accesible.

La gastronomía completa la experiencia.

El vino incorpora otra dimensión cultural.

La Hospedería permite prolongar la estancia.

El resultado ya no es una colección de recursos independientes, es un relato.

Existe además una consecuencia fundamental cuando patrimonio y divulgación trabajan juntos. Aquello que se comprende tiene mayores posibilidades de ser valorado, y aquello que se valora encuentra más aliados para su conservación.

Por eso encuentros como «Cuando empezábamos a ser nosotros» poseen una importancia que va más allá del propio fin de semana.

Acercan la investigación a quienes viven en el municipio, permiten que el visitante entienda mejor aquello que está contemplando, y hacen posible que un patrimonio científico se incorpore progresivamente a la identidad colectiva del territorio.

Las VIII Jornadas Internacionales de Arqueología y Etnoarqueología «Cuando empezábamos a ser nosotros» finalizaron, pero las preguntas que plantean continúan abiertas.

Quiénes estuvieron aquí.

Cómo vivieron.

Qué recursos utilizaron.

Qué huellas dejaron.

Y qué hacemos nosotros con ese legado.

Para La Hospedería, haber acogido este encuentro significa participar en una manera de entender el turismo de interior que va más allá de ofrecer alojamiento.